domingo, 25 de febrero de 2018

José de San Martín

1778 – 25 de Febrero – 2018
240º Aniversario del Natalicio del Gral. José F. de San Martín
José de San Martín
Biografía de José Francisco San Martín y Matorras: Nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, Corrientes. Hijo de Juan de San Martín, teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras, el pequeño José Francisco se crió en el seno de una familia española que no tardó en preferir volver a su país a quedarse en aquellos turbulentos estados coloniales. En 1784 pasó con su familia a España; en 1787 ingresó en el Seminario de Nobles de Madrid, donde aprendió retórica, matemáticas, geografía, ciencias naturales, francés, latín, dibujo y música.
Dos años después pidió y obtuvo el ingreso como cadete en el Regimiento de Murcia. Fue éste el origen de una brillante y vertiginosa carrera militar que tendría su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791), en la campaña de Melilla; trece años tenía entonces el futuro libertador.
José de San Martín (retrato de François Joseph Navez, año 1824)
Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793) y de las Naranjas (1801), mereciendo sucesivos ascensos por su actuación; en 1803 era ya capitán de infantería en el regimiento de voluntarios de Campo Mayor. Cuando la invasión napoleónica de la península dio lugar a la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), su arrojo contra los invasores franceses en la batalla de Bailén (1808) le valdría ser nombrado teniente coronel de caballería.
Libertad de América
Tras esta fulgurante carrera en el ejército español, y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín, que había mantenido contactos con las logias masónicas que simpatizaban con el movimiento independentista, reorientó su vida hacia la causa emancipadora. El sentimiento de su identidad americana y su ideario liberal, desarrollado en el clima espiritual surgido tras la Revolución Francesa y en la lectura de los enciclopedistas e ilustrados franceses y españoles, lo determinaron a contribuir a la libertad de su patria.
Inició así una nueva etapa de su vida que lo convertiría, junto con Simón Bolívar, en una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. Solicitó la baja en el ejército español y marchó primero a Londres (1811), donde permaneció casi cuatro meses. Allí asistió a las sesiones de la Gran Reunión Americana, fundada por Francisco de Miranda, que fue la organización madre de varias otras esparcidas por América con idénticos fines: la independencia y organización de los pueblos americanos.
Desde Inglaterra se embarcó hacia Buenos Aires (1812), donde esperaba que su experiencia militar en numerosas batallas le permitiese rendir excelentes servicios al ideal que animaba a su país. A causa de sus veintidós años de servicio en el ejército realista, no fue recibido con entusiasmo por los dirigentes; pero, ante la debilidad militar del movimiento patriota, la Junta gubernativa le confirmó en su rango de teniente coronel de caballería y le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, al frente del cual obtendría la victoria en el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813).
El mismo año de su llegada había conocido en una tertulia política a la que sería su esposa y compañera, doña María Remedios de Escalada, con quien contrajo matrimonio enseguida, el 19 de septiembre, en la catedral porteña. En 1813 renunció a la jefatura del Ejército de Buenos Aires, y en 1814 aceptó sustituir a Manuel Belgrano al frente del Ejército del Alto Perú, maltrecho por sus derrotas. El duro revés que Belgrano había sufrido en Vilcapugio y Ayohuma a manos de los realistas cerraba prácticamente las posibilidades de avanzar sobre Perú, al tiempo que hacía vulnerable esa frontera, cuya custodia encargó a Martín Miguel de Güemes, caudillo de Salta.
Cruce de los Andes
Incómodo ante las suspicacias bonaerenses, y de acuerdo con sus compañeros de la logia Lautaro, José de San Martín pensaba que todos los esfuerzos debían orientarse hacia la liberación de Perú, principal bastión realista en América. Bloqueada la ruta del Alto Perú (la actual Bolivia), empezó a madurar su plan de conquista de Perú desde Chile; con este objetivo obtuvo la gobernación de Cuyo, lo que le permitió establecerse en Mendoza (1814) y preparar desde allí su ofensiva.
Mientras tanto, en Chile, Bernardo O'Higgins y José Miguel Carrera habían unido sus fuerzas para sostener la estratégica ciudad de Rancagua; con su derrota a manos de los realistas finalizaba la intentona independentista chilena del periodo denominado la Patria Vieja (1810-1814). La caída de la Patria Vieja y la llegada a Mendoza de los refugiados chilenos complicó los planes de San Martín, que esperaba atacar Perú desde un Chile independiente y aliado; era prioritario, pues, liberar Chile.
San Martín decidió apoyarse en O'Higgins, con quien preparó el plan de invasión que sería aprobado por los gobiernos de Gervasio Antonio de Posadas y de Juan Martín de Pueyrredón. En Mendoza, durante tres años (1814-1817) y con pobres recursos, San Martín organizó pacientemente el ejército con la ayuda de la población de los Andes; a la empresa se sumó también con celo su esposa, doña Remedios, que entregó sus joyas para aliviar en algo las penurias de los patriotas. En 1816 esta abnegada mujer dio al general su única hija, Merceditas, que sería el bálsamo de San Martín en su solitaria vejez.
Finalmente, en 1817 inició la gran campaña que habría de dar un giro nuevo a la guerra, en el momento más difícil para la causa americana, cuando la insurrección estaba vencida en todas partes con excepción de la Argentina. Su objetivo era invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, y su realización, en sólo veinticuatro días, constituiría la mayor hazaña militar americana de todos los tiempos. Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la cuesta de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O'Higgins.
San Martín y O´Higgins
Pero esta gran hazaña de San Martín perseguía, como ya se ha indicado, una meta mucho más ambiciosa, y respondía a la estrategia continental del libertador. Desde esa perspectiva más amplia, la conquista de Chile era sólo un paso necesario: San Martín comprendió que para sacudir el yugo español del continente era preciso conseguir el dominio naval del Pacífico y la ocupación del virreinato del Perú, verdadero centro del poder realista. El mismo virrey peruano Pezuela consideró con lucidez la situación creada tras el cruce de los Andes y la batalla de Chacabuco, señalando que esta campaña "trastornó enteramente el estado de las cosas, dio a los disidentes puestos cómodos para dominar el Pacífico y cambió el teatro de la guerra para dominar el poder español en sus fundamentos."
A partir de este momento, los esfuerzos de San Martín se centraron en la organización de la gran escuadra que había de transportar a las tropas libertadoras a Perú. Viajó a Buenos Aires a fin de solicitar lo necesario para la campaña; sin embargo, lo que recibió fue la oferta de intervenir directamente en las disputas internas del país, cosa que rechazó.
A su regreso a Chile, las fuerzas patriotas fueron derrotadas en Cancha Rayada por el ejército realista de Mariano Osorio. San Martín reorganizó las desmoralizadas tropas criollas y venció a Osorio en los llanos de Maipú (5 de abril de 1818); al término de esta batalla, con la que quedaba asegurada la libertad chilena, tuvo lugar el célebre abrazo entre San Martín y O'Higgins. Aún después de destruidos los últimos focos de resistencia española, San Martín tuvo que vencer tremendos obstáculos: la falta de dinero, las diferencias políticas y la rivalidad y envidia de sus enemigos; pero los muchos meses dedicados a la organización de la campaña de Perú acabarían dando su fruto.
Liberación del Perú
Finalizados los preparativos, la escuadra zarpó de Valparaíso (Chile) el 20 de agosto de 1820, transportando un ejército de 4.500 hombres, y desembarcó en la playa de Paracas (cerca de Pisco, Perú) el 8 de septiembre. San Martín intentó una negociación con el virrey Pezuela, y luego con su sucesor, José de la Serna, con el que se entrevistó el 2 de junio de 1821: el libertador expuso allí su oferta de un arreglo pacífico, que incluía la independencia de Perú y la implantación de un régimen monárquico con un rey español, ofreciendo a La Serna la regencia interina. Fracasadas las negociaciones, San Martín ocupó Lima y proclamó solemnemente la independencia (28 de julio), pese a que el ejército realista aún controlaba gran parte del territorio virreinal.
San Martín desembarca en Paracas (1820)
Nombrado Protector de Perú, mientras enviados suyos gestionaban en las Cortes europeas el establecimiento de una monarquía, la incertidumbre de su situación militar contrastaba con la consolidación de Simón Bolívar en la Gran Colombia y la total liberación de Quito tras la Batalla de Pichincha. Hostilizado por los españoles que se habían hecho fuertes en las montañas, con su ejército desgastado por la prolongada campaña y con su poder minado por las disensiones entre los patriotas, San Martín hubo de sostener una lucha constante.
La ocupación de Guayaquil, ciudad reivindicada por Perú, fue el motivo inmediato de su célebre entrevista con Simón Bolívar (julio de 1822), en la que había de tratarse el futuro del continente y cuyo contenido exacto es aún objeto de múltiples discusiones, pero que sin duda debió de desalentar a San Martín; nada más regresar a Lima, y ante la creciente oposición peruana a su política, convocó el Congreso y presentó la renuncia a su cargo de Protector (20 de septiembre de 1822), dos años antes de que la victoria de Ayacucho pusiera fin definitivamente a la dominación española en Perú y en todo el continente.
Después de la hazaña
San Martín había decidido retirarse; consideraba cumplido su deber de liberar a los pueblos y no quiso participar en las luchas intestinas por el poder. En octubre de 1822 llegó a Chile; en verano de 1823 cruzó los Andes y pasó a Mendoza con la idea de establecerse allí, apartado de la vida pública. Pero las muchas críticas adversas que le atribuían aspiraciones de mando y el fallecimiento de su esposa lo determinaron a partir en febrero de 1824 rumbo a Europa, acompañado por su hija Merceditas, que en esa época tenía siete años.
Residió un tiempo en Gran Bretaña y de allí se trasladó a Bruselas (Bélgica), donde vivió modestamente; su menguada renta apenas le alcanzaba para pagar el colegio de Mercedes. Hacia 1827 se deterioró su salud, resentida por el reumatismo, y su situación económica: las rentas apenas le llegaban para su manutención. Durante esos años en Europa arrastró además una incurable nostalgia de su patria.
José de San Martín (año 1848)
Su última tentativa de regreso tuvo lugar en 1829. Dos años antes había ofrecido sus servicios a las autoridades argentinas para la guerra contra el Imperio brasileño; en esta ocasión, embarcó hacia Buenos Aires con la intención de mediar en el devastador conflicto entre federalistas y centralistas. Sin embargo, al llegar encontró su patria en tal grado de descomposición por las luchas fraticidas que desistió de su intento, y, pese a los requerimientos de algunos amigos, no puso pie en la añorada costa argentina.
Regresó a Bélgica y en 1831 pasó a París, donde residió junto al Sena, en la finca de Grand-Bourg. Gracias a la solicitud de su pródigo amigo don Alejandro Aguado, compañero de armas en España, pudo pasar el postrero tramo de su vida sin vergonzosas estrecheces. En 1848 se instaló en su definitiva residencia de Boulogne-Sur-Mer, Francia; donde falleció  el 17 de agosto de 1850.

Leyendas del folklore literario tradicional

LA LEYENDA DEL TORDO
Cuenta la leyenda que hace muchísimos años los pájaros del mundo decidieron reunirse para tratar de intercambiar ideas y aprender a construir sus nidos.
Todas las aves aceptaron esta invitación tan importante y necesaria para vivir cómodamente y cuidar mejor de sus pequeños hijos.
Pero una vizcacha que no entendía el motivo de la reunión y que estaba ofendida por no haber sido invitada, decidió realizar una fiesta en su cueva justo el día en que iban a enseñar a construir los nidos.
Envió invitación a todos los pájaros y, para que fuera bien tentadora, les anunció que se trataba de un nutrido y exquisito banquete.
Sólo el tordo y su compañera aceptaron asistir.
Muy puntualmente ambos se presentaron a la fiesta y allí, luego de intercambiar saludos, comenzaron a comer y beber durante horas, charlando y riendo a gusto con la vizcacha y su familia.
Finalizado el festín, el tordo y su esposa se despidieron muy agradecidos y alzaron vuelo lentamente, pesados de tanto comer.
Pero a medida que revoloteaban alrededor de los bosques y arboledas, vieron con gran sorpresa que las ramas sostenían muchos y variados nidos. Contemplaron asombrados hermosos tejidos de ramas, pajas y hojas que lucían como bellas casitas dispuestas a recibir los huevecillos de aladas familias.
Es así como el tordo, haragán y despreocupado, se sintió avergonzado por haberse quedado sin aprender a edificar su propia casa.
Desde entonces, muchas veces la hembra deja sus huevos en nidos ajenos y otras aves bondadosas terminan empollando y adoptando sus crías. Hoy se lo conoce como “el pájaro sin nido”.
María Teresa Carreras de Migliozzi
Fuente: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=2143015225977961&set=a.1374245809521577.1073741828.100008085120059&type=3&theater

sábado, 24 de febrero de 2018

Experiencias de un joven lobense apasionado por el espacio

Entre cohetes y satélites
Andrés Cánchero: ingeniero aeronáutico recibido en la Universidad Nacional de La Plata y máster en ingeniería aeroespacial realizado en la Universidad de Austin (Texas, Estados Unidos).
Experiencias de un joven lobense apasionado por el espacio.
¿Tenés algún momento preciso en que hayas dicho “me gusta el espacio”?
Son recuerdos de chico, cuando me preguntaban con qué me gustaba jugar. Tengo flashes que me recuerdan a aviones y cohetes. La verdad que no tengo un momento preciso que me marcó como para dedicarme a esto. Después, cuando uno se mete en la carrera tiene recuerdos y anécdotas que confirmaron haber elegido lo que me gustaba.
Mi papá de chico quería ser piloto. También fue uno de mis anhelos. Quizás se dio inconscientemente o por tener el sentimiento oculto.
Cuando elegiste la carrera te fuiste a La Plata.
Sí. En principio fue más sencillo porque Joaquín, mi hermano mayor e ingeniero civil, estaba viviendo en La Plata. Todo indicaba que iba a estudiar allá y se dio la casualidad que la carrera de ingeniería aeronáutica podía estudiarse en La Plata. Me reservé la información de la carrera en que me iba a anotar.
Sabía que iba a ser ingeniería pero me lo guardé hasta el día que me fui a inscribir, un diciembre de 2004.
Salí de inscribirme y le conté a mi mamá, la primera reacción obviamente fue “estás loco” pero tanto ella como mi papá me apoyaron siempre y si no fuera por ellos hoy no estaría acá. Muchos me preguntaban “en qué vas a trabajar”. Después te das cuenta que hay mucho para hacer.
En La Plata estudié ingeniería aeronáutica. A partir de 2008, en el Departamento de Aeronáutica, de la mano de la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) trabajé primero con el satélite SAC-D/Aquarius (fabricado por INVAP con NASA como contratista principal) y luego con el proyecto Tronador. Fueron unos 4 años donde dejé de lado los proyectos aeronáuticos y empecé a estudiar los aeroespaciales.
¿Estabas en la carrera?
Sí, a fines de 2008 empecé a trabajar por medio de becas. Digamos que la carrera de aeronáutica se transformó en aeroespacial y recién a mediados de este año se logró impulsar una especialización.
¿Existe la carrera de ingeniería aeroespacial en Argentina?
Hay cursos o maestrías para cursar que podés tomar si venís de aeronáutica, mecánica, electrónica o alguna otra de ese estilo. Hace dos años arrancó ingeniería aeroespacial en la Universidad de San Martín de la mano de la CONAE, pero todavía no está bien consolidada (ni acreditada por CONEAU). Le falta mucho camino por recorrer. Ojalá no le pase lo mismo que a la ingeniería aeronaval que se estuvo perdiendo y se cerraron cursos por no tener alumnos.
¿Estuviste haciendo un máster?
En 2013, a través del programa bec.ar de la Jefatura de Gabinete, me fui a hacer un máster a Estados Unidos. La primera camada de este programa de becas estuvo en Brasil, durante tres meses, haciendo un curso de especialización en negocios.
Luego se firmaron convenios con otros países, entre ellos Estados Unidos.
En el grupo que fui había una gran parte de ingenieros pero también programadores, diseñadores industriales e, inclusive, médicos. Te cubría un estipendio para poder vivir, pasajes, seguro médico, visas. Estaba coordinado con el programa Fulbright que regula maestrías y doctorados que se hacen en Estados Unidos.
Éramos 50 becados que viajamos a Estados Unidos y cada uno hizo una maestría o doctorado con el requisito que pueda aplicarse en nuestro país. Lo importante no solo es ir y formarte sino volver y transmitirlo. Por contrato, si estuviste dos años en tu maestría, Tenés que volver a Argentina y trabajar para aplicar ese conocimiento acá. Vale aclarar que una vez que estás allá es muy fácil tener ofertas de trabajo para no volver.
¿Dónde estuviste?
En Austin, capital de Texas. No es la ciudad más conocida del estado como San Antonio, Houston o Dallas. Austin es una ciudad muy linda y con gran nivel académico. Una vez que uno está inserto en el sistema es muy sencillo seguirlo.
La realidad es que si uno quiere volver a Argentina con un doctorado, el sistema industrial y académico no está preparado para recibir a los profesionales.
En otros países del mundo quizás uno puede salir de un doctorado e ir a trabajar a una empresa donde te lo reconocen. En nuestro país, si te especializaste mucho en un tema en particular y vas a una empresa o universidad, tenés que hacer un poco de todo.
Invertiste varios años en investigar en un tema en particular y no hay laboratorio.
Mi idea original siempre fue hacer la maestría y volver para poder aplicar ese conocimiento en nuestro país, tanto en una empresa como en la parte académica.
Volviste a Argentina y ¿ya tenías el trabajo actual en Bariloche?
Había enviado mi currículum a INVAP (una empresa argentina de alta tecnología dedicada al diseño, integración y construcción de plantas, equipamientos y dispositivos en áreas de alta complejidad como energía nuclear, tecnología espacial, tecnología industrial y equipamiento médico y científico) y tres o cuatro meses antes de venirme me hicieron una entrevista vía Skype. Les gustó mi perfil y me dijeron que cuando vuelva los contactara para arreglar.
Cuando estuve en Argentina me llevaron a Bariloche para una entrevista y pasaron cinco meses hasta que me tomaron.
Específicamente, ¿en qué rama estás dentro de la empresa?
Las dos gerencias más grandes de la empresa son: “Nuclear” y “Espacial y Gobierno”. Estoy en esta última. Además hay otras dos gerencias más chicas: “Industrial y Energías Alternativas” y “Tics y Servicios Tecnológicos”.
Dentro de la Gerencia Espacial y Gobierno —en donde nos dedicamos a hacer satélites y radares— estoy en la parte de control térmico satelital. Nos encargamos de realizar el diseño térmico para que el dispositivo soporte las variaciones térmicas durante toda su vida.
¿Qué vida útil tienen los satélites?
Hay diferentes tipos de satélites. Por ejemplo, el ARSAT tiene una duración de quince años. Otros, que se usan más como una aplicación científica, pueden durar cinco. Entonces, tenemos que diseñar el satélite para que todos los elementos, componentes electrónicos y materiales aguanten las temperaturas extremas en un rango que determinamos durante su vida útil.
¿Se fabrica todo en Argentina?
Sí y no. Sería inviable fabricar todo en Argentina porque saldría muy caro y se necesitarían muchos años de desarrollo. Por ejemplo, los componentes electrónicos, en general, se compran afuera. Es decir, lo que va en las placas electrónicas no lo hacemos. El componente electrónico es lo más chico que encontramos en la placa de cada instrumento del satélite. Estamos muy lejos de fabricarlo en nuestro país porque ya hay mercados globales dedicados a eso. Son prácticamente los mismos componentes que tiene un celular. De hecho, el teléfono celular es más avanzado que un satélite desde el punto de vista del microchip. En lo espacial se usan componentes con muchas horas vuelo y con una probabilidad de falla muy baja. Hay una gran rama que se dedica a “espacializar” componentes terrestres.
De todas maneras, el diseño del satélite se realiza completamente en Argentina. También se fabrican cajas, tenemos proveedores de nuestro país y Sudamérica. Todo depende del alcance del proyecto. Por ejemplo, los ARSAT nacieron con un cronograma muy ajustado y se necesitaban con una fecha específica ya que debían ocupar las posiciones satelitales para no perderlas. En este contexto, nuestro país no tenía la manera de fabricar muchos de los componentes electrónicos e instrumentos y se optó por comprar lo que no era posible desarrollar en tiempo y forma. Uno de los contratistas principales fue la empresa francesa Thales.
Una manera de hacer rápido el satélite fue comprar todos los componentes y la plataforma se diseñó y fabricó en INVAP. Hay otro tipo de satélites, los científicos como todas las series SAC o el que estamos por lanzar SAOCOM. Estos tienen un fin de desarrollo tecnológico, y no hay cronogramas tan ajustados y uno puede tomar la decisión de diseñar y fabricar acá varios de los componentes.
Obviamente esto es mucho más caro porque es el primero de la línea. Tiene un sinfín de problemas que hacen que el proyecto se pueda atrasar un poco más.
¿Se puede hablar de un intento de industria aeroespacial en Argentina?
Somos el primer país de Latinoamérica en este tipo de industria. En lo aeronáutico, Brasil con Embraer es el tercer productor mundial de aviones.
Quizás lo espacial es un nicho que Argentina empezó a tomar con la creación de la CONAE en 1991 y con la serie de satélites que se fueron desarrollando como los SAC y ARSAT.
¿Qué tipo de satélites son los ARSAT?
Son dos satélites de comunicaciones y son geoestacionarios (GEO). A diferencia de los satélites de órbita baja (LEO) que orbitan alrededor de la Tierra, más o menos a 600 kilómetros de la superficie terrestre y dan una vuelta cada 90 minutos aproximadamente. Lo importante de los LEO es que pueden ir cubriendo toda la superficie terrestre. Un ejemplo es el SAOCOM. Se tiene la información casi al instante, pasan por Argentina y cuando ven una estación terrestre la descargan. Tienen diferentes tipos de usos: detección de focos de incendios, salinidad del mar, medir la humedad del suelo a través de las nubes.
En cambio, los satélites de órbita alta como los ARSAT están a 36 mil kilómetros. La gran diferencia que tienen es que están sobre el ecuador en un punto fijo con respecto a la superficie terrestre. Por ejemplo, en Lobos siempre miramos a los mismos satélites de comunicaciones que están en esa órbita. Van girando con la Tierra. Pueden mandar y recibir información desde el mismo punto. Por eso son tan buscadas las posiciones satelitales para geoestacionarios. Si no se ocupan esas posiciones, luego de un tiempo, se pierden.
Una de las grandes decisiones de los últimos años fue desarrollar los satélites y la industria para ir proveyendo a esas dos posiciones argentinas.
Además, al tener un satélite en determinada posición, se pueden vender los servicios. Esos satélites transmiten distintas bandas.
Para llevarlo al llano, ¿qué utilización se hace de esos satélites?
Cualquier persona puede comprar una parte de ese satélite a través de organismos y vender servicios de telefonía, internet y televisión. De hecho, el plan de negocios de los ARSAT no sólo involucra a los satélites sino también a la televisión digital.
Los satélites ARSAT, como se ubican en el Ecuador, pueden vender servicios a toda Latinoamérica. El ARSAT 2 tiene la capacidad de vender servicios a Estados Unidos y Canadá. Es posible porque tiene unas antenas diferentes que transmiten en otra banda.
Hay grandes operadores multinacionales, como DirecTV, que tienen sus propios satélites. Compran y explotan sus satélites.
Cualquier país puede comprar un satélite que no cumpla todas las funciones y que únicamente ocupe el lugar. O puede vender esa posición pero termina generando una pérdida de soberanía. La base de operaciones de los ARSAT está en Córdoba y lo que permite es tener cierta autonomía.
¿Hoy en qué proyecto estás trabajando?
Estamos por lanzar el SAOCOM 1, entre julio y agosto. Es un satélite de órbita baja y hace bastante tiempo que se viene desarrollando ya que Argentina apostó por desarrollar muchos de sus instrumentos y resultó ser un desafío muy grande. Se va a lanzar desde Vandenberg, California, con un cohete de SPACE X. Hoy en día, NASA no tiene prácticamente lanzadores ya que se está concentrando en construir un cohete que vaya a Marte. SPACE X es una compañía privada fundada por un emprendedor que se llama Elon Musk. Es uno de los grandes pensadores de esta época y uno de los fundadores de PayPal (empresa de pagos online). Una vez que se hizo multimillonario empezó a crear empresas. Una de ellas es Tesla, que desarrolla autos y casas eléctricas. Otra es SPACE X que nació para hacer, básicamente, cohetes y sacarle a la NASA el monopolio del mercado. Musk vio en el espacio una oportunidad de comercialización. Lo que quiere es hacer un cohete para que alguien pueda pagarse un pasaje, es decir que sea accesible, y pueda ir hasta la Luna o a dar una vuelta a la Tierra.
Muchas de las ideas que tiene parecían una locura pero el tiempo le dio la razón. Musk demostró que con toda la serie de los lanzadores Falcon se puede lanzar un cohete y aterrizarlo. Puede reutilizarse el aparato. Entonces, se reducen costos. Ahora está desarrollando un tren subterráneo ultrarrápido, Hyperloop, que funciona con vacío.
Volviendo al proyecto del SAOCOM, un año después de lanzar el primero se lanzará el segundo SAOCOM 1B y, más adelante, SAOCOM 2. Estos satélites están en el marco de un programa que tiene la CONAE con la Agencia Espacial Italiana. Es una constelación de satélites, tienen una antena específica que opera en el rango de las microondas y puede detectar determinados acontecimientos en la superficie terrestre.
Hay otro proyecto, un satélite llamado SABIA-MAR (también es de CONAE) que lo estamos desarrollando en conjunto con Brasil. Ya está en la etapa ingeniería de detalle. Si todo va bien, el lanzamiento debería ser en 2020.
También estamos esperando ver si se reactiva el ARSAT 3. Somos optimistas al respecto.
Hay otros proyectos más chicos pero de gran desafío tecnológico. Son satélites del estilo de los ARSAT pero más pequeños. Además, tenemos varios proyectos en la parte de radares.
¿Cómo es tu vida en Bariloche?
Muy linda. Es una ciudad soñada, como un paraíso.
El invierno es muy largo por lo tanto tenemos pocas horas de luz, entre 9:30 y 17 horas. Mientras que en el verano oscurece a las 22.
La gente vive muy tranquila. No hay muchos problemas en el día a día. Si bien ha crecido desmedidamente y no tiene infraestructura para bancarlo.
¿La idea es quedarte ahí o irte a otro país?
Si bien estuve en Estados Unidos y también en Alemania —durante seis meses estudiando cuando era alumno— siempre dije no me veía formando un futuro en esos países. Siento que como la sociedad argentina no hay en ningún lado del mundo. La cercanía que tenemos con nuestros amigos, con los compañeros de trabajo, con el vecino.
Después, en esas sociedades hay otros problemas que están resueltos. Quizás son los que acá nos agotan mentalmente en el día a día. A mí me gusta estar cerca de la familia, si bien ahora estamos a 1.800 kilómetros.
Valoro mucho saber que estoy cerca, que si tengo un problema puedo ir a consultarle a otra persona, pasar a tomar mate con un amigo o con compañeros de trabajo.
¿Cómo ves el presente y futuro de la industria espacial en Argentina?
Lo veo muy bien, siempre y cuando se acompañe con decisiones políticas adecuadas. El desarrollo aeronáutico y aeroespacial sirve para desparramar a las otras industrias. Muchos de los grandes avances tecnológicos en la historia vinieron de la mano aeroespacial. Porqué digo que necesitan de un aporte político, porque son industrias no siempre rentables. En general se necesita una gran inversión inicial para desarrollar un proyecto, en muchos casos de varios años y después recién tener algún resultado como vender un satélite o un radar.
Como país, es necesario tener la capacidad y desarrollar tecnología porque te da soberanía. Si se ve enmarcado en la idea “estoy poniendo dinero y viendo qué me dan a cambio”, va a fallar.
Hay un futuro espectacular para aprovechar porque la materia gris está, pero tiene que estar acompañado de proyectos políticos. Cuando se forma capital humano, es necesario mantenerlo y evitar que se tengan que ir a otro lado. INVAP es una sociedad del estado, de la provincia de Río Negro y en los últimos años creció muchísimo. Hoy tiene unos 1.500 empleados pero necesita de proyectos tanto en el ámbito público como privado para poder subsistir.
Creo que el futuro está en las comunicaciones y en la tecnología. El que las maneje va a controlar el mundo. Todos sabemos que para el 2050 la población va a haber crecido un 25%. Se necesitan políticas que acompañen ese crecimiento. Inclusive generar más alimento, sacarle más rédito a los campos de la mano de la agricultura de precisión.
Desde mi punto de vista el modelo agroexportador quedó obsoleto. No porque no tengamos que serlo sino porque hay que aplicarle todo el peso de la industria. Existen plataformas tecnológicas que combinan los avances de la ciencia aeroespacial, informática y agronómica para ofrecer soluciones innovadoras y sustentables a toda la cadena de valor. Sin embargo, tampoco se puede hacer todo en nuestro país, hoy el mundo está globalizado y tenemos que ser inteligentes para encontrar nuestro nicho de mercado.
Fuente: Revista Sociedad Rural de Lobos (febrero 2018) http://ow.ly/hjPq30itpUi